Desde años ya,
siempre me había identificado
con el camaleón,
animal gracioso, único, listo,
asechando su presa,
adaptándose como ninguno
a la vida
a su alrededor.
Hasta que un día,
por pura casualidad,
me encontré en el camino
con unos erizos.
Me contaron sus vidas sus percances y sus alegrías,
sus dolores en sus penas.
Desde este mismo día
me di cuenta
que de hecho soy un erizo
y quedaré toda la vida
con mis púas erguidas.
Como en los erizos.
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