Nubes finas, como guirnaldas de verbena,
y un cielo de pálido azul,
rojizo en bandas.
La luna menguante, nítida.
Y al oscurecer
las ramas de los árboles
parecen vetas enjutas en la carne
de la tarde.
Estrellas centellean
y realzan su propio universo.
Y la noche se asoma cautelosamente
como si fuera una chica apocada.
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