Siempre hay un gilipollas.
No importa tu disposición.
Para afrontar, o incluso disfrutar,
el día que los dioses te conceden
porque siempre hay un gilipollas:
que te retiren la mirada,
una mala cara por nada
una observación mediocre
una indirecta de mal gusto.
Ignorar tu saludo a conciencia
pagar contigo el mal polvo de ayer
mil sonrisas que dicen "Tu puta madre"
mil sonrisas que dicen "me das igual, chico"
Hablarte mal porque "Es que me encuentro mal"
Hablarte mal porque "Es que no entendía lo que decías"
Una sugerencia que se podía haber hecho con tacto y en voz baja.
Una respuesta brusca por lo que no debería haber sido un malentendido.
Que un cuasidesconocido te pida un favor de medidas desproporcionadas.
Así nos aplasta a diario el zapato de este mundo que hemos creado.
Por Antonio Jesús Reyes-Álvarez
Sevilla.
Fragmento de "El tormento del erizo" - Cádiz - 2011.
con gratitud.
Geen opmerkingen:
Een reactie posten