La tierra era virginal,
pura, consagrada, acogedora.
¿Y qué hemos conseguido...
hasta dónde hemos llegado?
Guerras...desastres...el deterioro...
dolor, pena, vergüenza...
¿Y ahora, qué vamos a hacer?
¡Japón, tierra santa del Zen!
No puedo quitarme de la idea de
que lo hemos desperdiciado todo
malgastado,
y la tierra llora como un niño maltratado,
un llanto sin fin.
Y me quedo sin palabras,
impotente, aturdido,
tétrico.
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