Ayer hablé
con una mujer,
guapa, elegante.
Empezamos a hablar de amor...
De repente me decía
que todo había sido un gran desengaño,
que no quedaba nada
desde hace mucho tiempo.
Me dolían sus palabras.
Asombrado, aturdido
estaba pensando que vivir
sin fe
es como morirse lentamente,
con desesperación,
casi como un perro malherido.
Geen opmerkingen:
Een reactie posten