La luna nítida, menguante,
impalpable y
invisible
en mi carne está.
Entre las estrellas esparcidas
en la noche de azabache,
sólo quedan palabras,
palabras de una sensación inefable.
Y la medianoche se acerca,
más oscura aún,
paulatinamente,
silenciosamente,
casi sin avisar.
Enmudecido estoy....callado,
dolido.
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