Las ramas
como venas en un cielo
generoso, despejado, luminoso
y la alfombra blanca
refleja una luz deslumbrante.
La nieve cruje
y dejando huellas,
me voy sin sombra
aturdido, enternecido.
Y los pájaros inician su último vuelo del día
surcando la tarde, ya oscureciendo,
con mucha gana, y deprisa
hacía sus árboles escarchados.
La luna, de plata, se asoma,
como testigo casi redonda y
taciturna.
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