Entraba en el trabajo.
La oficina
olía mal y daba pena.
Luego
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.
Veinte años.
He sido
escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos.
Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.
(escrito en 1966-fragmento).
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