A Pablo Neruda rodeado de Fantasmas.
Árbol de Sangre riega la mañana
por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
y un gráfico de hueso en la ventana.
Mientras la luz que viene fija y gana
blancas metas de fábula que olvida
el tumulto de venas en la huida
hacia el turbio frescor de la manzana,
Adán sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopeando
por el doble latir de su mejilla,
Pero otro Ádan oscuro está soñando
neutra luna de piedra sin semilla
donde el niño de luz se irá quemando.
fragmento de "Primeras Canciones" 1929.
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