Cielo rojizo, morado, anaranjado,
una playa lisa,
y el sol se pone despaciamente, amarillento ya,
y arroja sus últimos rayos
en los charcos del bajamar.
A lo lejos los barcos,
inmóviles y fondeados,
esperan nuevo día.
Las gaviotas tardias se van,
dejando la tarde al anochecer.
Y las primeras estrellas se asoman,
testigos taciturnos de un universo lejano,
desconocido.
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