Nací aquí mismo,
crecí
enseñé mi belleza, mi generosidad desprendida
en la puerta donde tanta gente entraba
y salía.
Mis raíces se quedarán
en la tierra que me vio crecer.
Humilde y condescendiente,
callado,
me despido y
desaparezco,
para que entre la luz,
para que las nubes luzcan aún más sus encantos,
en estos días de un otoño primerizo.
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